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En México, según una investigación efectuada por Galindo y González (2013), la acción de estudiantes del movimiento #YoSoy132 fue un acto “estético” por su encanto: generó un amplio poder de convocatoria y las redes digitales fueron canales que ampliaron el fenómeno. Los estudiosos definen las comunidades estéticas como sistemas de comunicación impulsados sobre todo por los medios de difusión masiva y el Internet. Un movimiento social estético es entonces un movimiento social diferente a la acción política tradicional, principalmente por no estar a favor o en contra de algo en particular. Los autores establecen que #YoSoy132 representó un comportamiento colectivo condicionado por resortes no del todo visibles, como podrían ser factores económicos, políticos y culturales. Tanto el Estado como sus instituciones perdieron la capacidad de generar participación social y estos vacíos fueron llenados con acciones civiles. Con base en encuestas, los investigadores descubrieron que la sociedad mexicana no participa en acciones sociales por miedo, pero más del 80% de los jóvenes afirmó estar dispuesto a defender sus ideales. Otro trabajo realizado por Meneses (2015), demostró cómo las redes sociales facilitan la conectividad entre los individuos al grado de poder movilizar a una gran cantidad de personas, protestar contra el sistema político y contra desigualdades que viven en sus propios contextos. Los participantes, en su mayoría universitarios, utilizaron las herramientas tecnológicas a su alcance para emprender una lucha contra de los medios de comunicación y exigirles la democratización de sus contenidos y en un segundo momento, canalizaron sus baterías contra el sistema político.

Conclusiones

La nueva tecnología cuyo motor de conectividad con otras tecnologías y seres humanos es Internet, está modificando profundamente el concepto de la política y esto es posible observarlo al menos en tres estructuras. El primer cambio y tal vez el más visible, se ubica en la comunicación política. El poder político y los propios medios de difusión –como extensiones de la ideología– están transitando sus formas jerárquicas de difusión a los nuevos espacios digitales. En dichos espacios, la comunicación política es más vulnerable y se encuentra disponible para la discusión y el linchamiento virtual. El segundo cambio son las estructuras del Estado. Las instituciones públicas llevan a cabo acciones para integrar sus políticas púbicas en el ciberespacio. Servicios como el pago de impuestos o la realización de trámites, ahora los ciudadanos pueden realizarlos en forma remota. El paradigma del gobierno abierto existe en tanto tal visibilidad de información sea posible mediante las nuevas tecnologías. Y el tercer cambio analizado en el presente texto, se refiere a las nuevas formas de participación social. Las personas tienen a su alcance tecnología que les permite intercambiar –o no– formas comunicativas con el poder político y los medios de difusión. La ciberparticipación abarca toda una gama de acciones colectivas que las personas desarrollan desde el teléfono móvil o la computadora portátil, y que en algunos casos, puede derivar en acciones reales, visibilizadas en las calles y en las instituciones.

Referencias

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5.Galindo, J. y González, J. (2013). #YoSoy132: la primera erupción visible. México: Global Talent University Press.

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